Las adivinanzas, en Cuyo, constituyeron en el siglo pasado un pasatiempo para la gente de campo.
Cuando las reuniones familiares se prolongaban, siempre habían grupos que se distraían jugando a las prendas y a las adivinanzas. El primero de los juegos, tenía un incentivo poderoso para quien debía cobrar el precio del error o equivocación; declarar el amor a la persona elegida; dar un paseo del brazo con ella por el patio; recitar; cantar.
Para la gente del pueblo humilde, las veladas se prolongaban por tener que cumplir tareas propias de su trabajo como sembrar o participar en el carneo, o simplemente la realización de un festejo. Entonces todo se armaba: la comida, los guitarreros, los bailes, las tonadas...
“Durante la conquista española en América, entre las tribus indígenas se fomentó el canto, la música y la danza, especialmente durante la explotación organizada bajo el régimen feudal preconizado por los religiosos franciscanos o jesuitas.
Nada ha quedado escrito de esas canciones y músicas. Únicamente existe lo que se ha conservado a través de la tradición oral, expresado por los cronistas de la época.
La cultura española tuvo una fuerte influencia en la música, en el canto y en las danzas aborígenes, absorbiendo y transformando estas manifestaciones.
Aparece el gaucho, y con él su música, sus cantos y sus danzas; instrumentos de cuerda reemplazan al tamboril y la flauta, desaparecen las primitivas danzas de los aborígenes. Llegan el gato, la cueca, el sereno, el gauchito y otros bailes, que revelan en sus versos, en sus melodías y en sus ritmos un perfecta unidad con la influencia psicológica de la época.”
Extraído de Cancionero Cuyano de
Alberto RodríguezPARA ESCUCHAR: